Saluda al pajarito

Me ha salido un post bien largo…

Todo el mundo ha fantaseado con recordarlo todo. Recordar el día de tu primer cumpleaños, o el trigésimo, el primer beso, los primeros pasos de tu hijo, tu graduación o tu último día de trabajo. Sería fantástico poder recordar exactamente igual, de manera lo más precisa posible todo lo que hacemos.

Con esta premisa empezamos a hablar, para recordarle cosas a otros. De igual modo empezamos a escribir, a pintar, a esculpir… para que los recuerdos permanecieran imborrables mucho más tiempo. Después llegaron las fotografías y por último, el vídeo. El objetivo es el mismo, poder recordar algo de la manera más fidedigna posible.

¿Qué pasaría si todo lo que hicieras, estuviese grabado? ¿si absolutamente todo lo que dijeses quedase registrado para ser consultado más tarde? De hecho, ¿qué pasaría si también se guardara todo lo que ves y todo lo que oyes? ¿y si todo eso pudiera ser consultado más tarde no solo por ti?

El futuro no será tan limpio.
El futuro no será tan limpio.

No eres el primero en pensar que todo esto sería genial, y gracias al desarrollo tecnológico, estamos muy cerca de olvidarnos (qué ironía), de los problemas de falta de memoria y de empezar a preocuparnos por los que nos presenta el exceso de ella. Hablemos de Google Glass.

Google Glass es una fusión entre un smartphone y unas gafas. Todo ello controlado mediante voz. No hay más. Cuentan con una plataforma de desarrollo propia, libre y accesible a cualquier programador. Pero lo que más me interesa es lo que puede surgir de la combinación de visión, cerebro y cantidades ingentes de información.

A partir de aquí, lee con esta canción de fondo.

Recuerdo tu cara:

Tener una cámara con cerebro siempre encendida puede crear un mundo en el que todos nos reconozcan. Imagina que al entrar en una tienda, te reconozcan y te asesoren en función de tus gustos. Que el médico de cabecera te pregunte cómo te fue con esas pastillas que tomaste (aunque fueran recetadas por otro médico) o que el conductor de autobús reciba tu parada habitual con solo mirarte ya que almacenó tu historial de viajes.

Es un elemento fantástico para recibir una metódica cordialidad allá donde vayas y también para mejorar el CRM de cualquier servicio.

Pero potencialmente, puede invadir tu intimidad hasta límites insospechados. La misma persona que te atiende en la tienda, puede ver tus fotos públicas mientras te asesora y saber más de ti de lo que quisieras. Igual que el médico al que vas y puede consultar tu historial con solo mirarte o el conductor del autobús que te deja en la oficina o esos chicos del gimnasio que no te quitan ojo. Y no me quiero imaginar cómo serán las entrevistas de trabajo.

Recuerdo lo que dijiste:

Tener una cámara con cerebro siempre encendida y grabando puede crear un mundo en el que tomar decisiones sea algo a lo que dediques muchísimo tiempo. Si puedes analizar cada gesto, cada mirada y cada palabra con total precisión, es posible que tomes mejores decisiones. Sobretodo aquellas basadas en impresiones de otras personas.

Pero también puede llevarte a obsesionarte en exceso con la forma en que conociste a una determinada persona, o cómo te miraron tus superiores aquel día de oficina en que no hiciste bien una presentación. Esto me lleva a pensar en la cantidad de problemas obsesivos que podría generar el exceso de información sobre ti mismo y tus relaciones con el resto del mundo. Analizar en exceso a las personas te puede hacer perder la cabeza.

Recuerdo tu vida:

Pero lo que más miedo me da es que todos estos escenarios se basen en el acceso a la información determinado por miradas (reconocimiento facial y de objetos) y por la voz. Pedir información sobre cualquier persona, animal o cosa y recibirla al instante, incluso si no cuentas con la autorización por parte del elemento analizado viola cualquier tipo de privacidad.

Hasta ahora, un desconocido debía seguirnos y conocer al menos nuestro nombre para entrar en nuestras rutinas. Ahora con solo una mirada y un “Glass, google that face” puede acceder a información que no solemos querer dar. Si le pedimos a los gobiernos transparencia y ellos tienen nuestros historiales médicos, académicos, laborales, maritales, etc… es lógico que este tipo de información además de crítica, se convierta en libre. En Estados Unidos, por ejemplo, los historiales delictivos son abiertos y libres, con lo que, en teoría, podríamos ir por la calle accediendo a los historiales policiales de todo aquel con el que nos cruzáramos. Ahora traslada la situación a alguien que conoces en una fiesta, que estás pensando contratar o que tu hermano te presenta como su novia.

Da miedo estar tan expuesto a los demás, ¿verdad?

Recapitulando.

Cosas como estas llegarán, cómo todo lo que veíamos en las películas de ciencia ficción y nunca pensamos que llegaría. De hecho, también llegarán cosas en las que no nos habíamos parado a pensar. Llegó el momento de releer 1984 y Un mundo feliz y de ver de nuevo Black Mirror.

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