Tu país

Nací en un país, me crié en otro y estoy trabajando en un tercero (y ojalá queden muchos). Tengo decenas de familiares que nacieron en República Dominicana, que tienen una cultura diferente, piensan diferente y a quienes tengo cariño pero primero, les tengo respeto. Les debo respeto.

No hace tanto, yo era incapaz de entender cosas de las que mi madre siempre me habló, cosas que me sonaban inconcebibles. Se refería a un sentimiento de dolor y destrucción sistemática de autoestima que no era capaz de imaginar. Hasta que viví en Ecuador.

Existe algo muy común entre quienes llegan de un país occidental a uno considerado menos desarrollado: el sentimiento de superioridad. Esto se manifiesta en varios aspectos: intelectual, cultural, histórico, etc. Yo lo achaco en gran parte a algo que nos ha llevado a cometer atrocidades a lo largo y ancho del mundo: el etnocentrismo.

Duele ver la facilidad con la que echamos por tierra las vidas y la cultura de todo un país por el simple hecho de proceder de una latitud e historia diferentes. Hay tantos tipos de vida y todos tan válidos que esto se presenta extremadamente injusto y dañino. Y no sólo para ellos. El daño que nos hacemos al restar valor a otro ser humano es, por decirlo suavemente, penoso.

Es vergonzoso considerarse civilizado y ser incapaz de apreciar positivamente lo diferente, lo peligroso, lo extraño y ajeno. Lo humano se extiende más allá de las fronteras entre las que naciste.

Hace bien poco hablaba con un amigo sobre cómo la crisis en España ha afectado a la imagen que se tiene de los españoles en el extranjero. ¿Recordáis cuando un título en económicas no era tomado tan en serio cuando venía de una universidad en Europa del este? Pensad en cómo os sentiríais si en una entrevista de trabajo no tomaran en serio vuestros conocimientos por venir de una universidad española (“ese país que está retrocediendo en su desarrollo”). Dejad de imaginar.

Evitarlo es tan sencillo como no pensar que la felicidad no existe fuera de tus fronteras. O lejos de las fronteras de occidente. Equivale a decir que la felicidad del 80% de la población mundial, es menos felicidad. Y ahí están República Dominicana o Ecuador.

Qué lástima.

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