El justo medio.

Como en la de todos, hay hechos en mi vida que definen mi comportamiento, mi forma de ver el mundo y de valorar. Una de estas lecciones llegó mientras estudiaba latín en el instituto. “El justo medio” de Platón y Aristóteles y su búsqueda del centro como virtud me dejó profundamente marcado.

El hecho de evitar los extremos me inspiró para tratar de convertirme en el ejemplo que desde niño mis padres intentaron que fuera. Ser ese tipo que siempre es justo, que siempre busca el bien común, que podría llegar a ser realmente admirable. Aunque tampoco se les puede culpar, ¿qué padre no querría que su hijo fuese un modelo a seguir?

Afortunadamente, averigüé muchos años después de acabar el instituto, que tratar de ser un ejemplo es una de las losas más pesadas con las que se puede cargar y que no estamos obligados a aceptarla. En mi caso, descubrir que no podía asumirlo fue cuestión de tiempo. De tiempo y de amor.

Lo que trato de decir es que, está muy muy bien tratar de ser perfecto, pero sólo si eso te hace feliz a ti también. Debemos dejar de esforzarnos por ser ejemplos para los demás. En el fondo, no suele haber nadie mirando.

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