Carpe diem

giokai421 en Flickr – Ahora están criando gusanos, ¡carpe diem!

Todos hemos escuchado esto, leído esto, escrito esto e incluso recomendado esto. Y todos sabemos lo que significa. Nos recuerda que no hay mañana, que no tendrás otra oportunidad, que la vida es muy corta y que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Y yo, le tengo un miedo atroz a esta expresión.

La temo porque quiero tener hijos y ser transparente con ellos. No me importa que alguien no sepa todo sobre mi, pero si valoro poder contarle todo a mis hijos, sin avergonzarme con cada frase.

Entre otras cosas, por esto siempre intento vivir según ciertas normas. Las normas sociales y las que yo mismo me impongo. Las sociales las asumo por un supuesto civismo al que quiero ser fiel. Sé que mi mierda también huele, así que trato de cubrirla con la mayor cantidad de ambientadores posible. Tiro las cosas a la papelera, respeto los turnos para hablar, dejo pasar a las mujeres y los niños primero, ayudo con los carritos de bebé, me dirijo a los ancianos con respeto, intento reciclar, pido permiso y también perdón, sonrío mucho y siempre miro por dónde voy para no chocar con el resto de transeúntes. Desde mi punto de vista, es lo mínimo que desearías de un ser humano civilizado, aunque no es lo mínimo que puedes esperar, desgraciadamente.

A estas añado mis normas, que son muchas, muy variadas y privadas, así que tendréis que esperar a su respectivo artículo.

Ahora bien, carpe diem tira a la basura todas esas normas. Me dice que no les haga el más mínimo caso, que no sea yo. Tengo muy claro que la vida son momentos, pero no soy de la gente que se rige generalmente por sus impulsos. En realidad he sido impulsivo un montón de veces, pero casi siempre he acabado haciendo el ridículo (como cuando me hice simpatizante del Real Madrid) o marcado para siempre (como cuando decidí pedir mis bebidas en copa de balón y de regalo me llevé una bonita cicatriz).

¿Será que me falta práctica?

giokai421 en Flickr – Gusanos te digo.

Lo que me preocupa de seguir la famosa cita es que se me olvide porqué estoy donde estoy. Sé que si nací fue porque mis padres decidieron tenerme, que habían ahorrado lo suficiente como para asumir que podían correr con los gastos que genera un hijo (dos en realidad). Fueron responsables, precavidos, prudentes, y como consecuencia, nunca me faltó de nada. Compraron y pagaron una casa antes de que yo y mi hermana fuéramos a la universidad y pagaron mis estudios y los de ella. Incluso hubo universidad privada de por medio. Cada vez que echo la vista atrás sé que mis padres se sacrificaron tremendamente al traerme al mundo, pero también soy consciente de que si reunieron las condiciones propicias para ello fue porque ese sacrificio empezó mucho antes.

Estoy donde estoy y tengo las oportunidades que tengo por ellos (en gran medida), por su trabajo y dedicación.

Entonces pienso: perfecto, aún eres joven y tienes muchísimas posibilidades ante ti, pero ¿de verdad quieres levantarte mañana y pensar en cómo metiste la pata hasta el fondo? Y sé que falta mucho para que decida tener un hijo, pero me encantaría evitar excusarme  diciéndole que era joven cuando vea mi Facebook (que lo verán, estad seguros).

A veces me siento fuera de lugar, y veo El Club de los Poetas Muertos y pienso que debo mandarlo todo a freír espárragos siempre que tenga ocasión, pero tengo las cosas tremendamente claras y sé que esto y aquello se acabarán tarde o temprano y habrá cosas de las que me sentiré avergonzado mucho más tiempo de lo que las disfruté. Además de la muerte, la paternidad también es para toda la vida.

Pienso que el fatalismo que impulsa a seguir la máxima de carpe diem le resta sentido a la vida, a hacer planes, a buscarle un fin a las cosas. Niega la esperanza y eso me duele. Parece mentira que el famoso no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy solo se interprete por el lado de la irresponsabilidad y el goce en lugar de pensar en trabajar y esforzarte hoy para dejar una huella preciosa. Me dolería mucho que algo se interpusiese en mi camino, especialmente si ese algo soy yo. Y por eso, me asusta el carpe diem.

Otra cosa más que sabéis de mi. Y gratis.

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