La masa

JD Hancock en Flickr.
JD Hancock en Flickr.

Desde siempre he sentido que era de esas personas que se dejan llevar por la masa. Que piensa en ella como una forma de definirse. De hecho, tenía acalorados debates en clase por la falsa idea que yo sostenía sobre la homogeneización de los grupos sociales. Quiero decir, había más y más grupos, cada vez mas pequeños, pero con increíblemente pocas diferencias entre ellos y entre sus miembros.

De modo que si, hay cada vez más grupos y por tanto más homogeneidad, pero a la vez son grupos más excluyentes y radicales de manera que la variedad se pierde por la falta de contacto entre ellos.

Es una de las cosas que la gran ciudad me está enseñando a base de ver postureo y conformismo con la masa una y otra vez. Madrid tiene una de esas cosas llamadas “tribus urbanas” en las que es fácil entrar pero es complicado mantenerse si te sales de la línea.

Envidio las ciudades pequeñas donde la forma de vestir (dentro de unos amplios márgenes), la música que escuchas, el deporte que practicas o los libros que lees no determinan tu pertenencia a un grupo. Allí existe la verdadera variedad. Y es perfectamente afrontable y bien recibida. De hecho, es una de las cosas más enriquecedoras que tiene esta vida.

Las grandes ciudades, en cambio, producen grupos mucho más sectáreos y radicales. En cierto modo me recuerda a Quadrophenia y el odio irracional entre seguidores de uno y otro tipo de música. En mi ciudad veo grupos de skaters que desprecian a heavys, pijos que desprecian a modernos, y así sucesivamente ad infinitum. Y lo que es peor, entrar en esos grupos es relativamente sencillo, un concierto, una marca de ropa o una fiesta en un pub son suficientes para entablar contacto. El problema viene a la hora de mantener una relación estable con alguno de estos grupos.

Si existen relaciones con más de uno, deberás elegir bando a la hora de crear un plan. Y lejos de lo que pudiera parecer, no está basado en los individuos (siempre puede haber un amigo que se aburra con el plan propuesto), sino en masas de ellos. El grupo de pijos no solo no irá a determinada zona de la ciudad, a determinados bares o a hacer determinadas actividades, sino que probablemente se una contra ti por tratar de expulsarte del grupo por no ser completamente “fiel”.

Lo cierto es que tiene una parte buena. Si eres skater y heavy al mismo tiempo, puedes tener dos armarios, una doble vida y vivir las dos con la mayor intensidad posible. En un grupo la jerga que utilices será totalmente diferente a la del otro. Los planes serán a medida, desde escapadas a la sierra para disfrutar de verdaderas colinas hasta viajar a Alemania a los mejores festivales de toda Europa con tu otra faceta. El problema es que no estarás definido, no conocerás a nadie “como tu”. Y el nivel de variedad dentro de cada uno de esos grupos es paupérrimo. Probablemente ninguno de tus amigos skaters te recomiende un buen grupo de heavy, y ninguno de tus amigos heavys hablará jamás de un buen grupo de reggae. La diversidad se pierde por el camino de la radicalización y en las ciudades grandes está a la orden del día.

Una ciudad es tan enriquecedora como las conexiones que establezcan sus habitantes. No digo que no existan, sino que es complicado mantenerlas por la altísima especialización de cada grupo de individuos. Pierden el contacto con el resto de la urbe a base de juntarse sólo con quienes cumplen un perfil muy específico y con el que ellos se sienten en extremo, cómodos.

Un consejo, sal de tu zona de confort. Serás más humano.

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3 comentarios en “La masa

  1. Confío en que se formará un grupo con todas esas personas descartadas por su tolerancia y gusto por la novedad y las diferencias. Donde la comodidad venga dada por la facilidad para aceptar nuevas fórmulas, dejando a un lado la discriminación y la falta de personalidad de algunas personas 😛

  2. Quiero pensar que esos grupos existen pero no son fáciles de encontrar. Entretanto solo salgo de casa de noche.

    Muchas gracias por tu comentario.

  3. Qué interesante!
    Es verdad que en las grandes ciudades se da menos interacción entre grupos diferentes, es lo bonito de vivir en lugares más pequeños, que una camiseta o una gorra no te frena a la hora de conocer a gente, quizá porque ya sabes algún rasgo más de su personalidad. La idea que propone Beatriz creo que es la que ponderará con los años, pues está bien tener una identidad definida, pero si poco a poco vas descartando más y más gente, ¿cómo te crearás tu propia identidad, si no tienes los ojos de otra persona donde poder mirarte? Porque por mucho que a veces el espejo y la autointrospectiva nos den ligeras pistas de cómo somos, es muy importante también la acción e interacción con la gente la que nos muestra formas y pensamientos propios que quizá obviamos, ¿qué creéis?

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