Tenemos un problema

El radicalismo al que se está llevando el debate sobre las corridas de toros, en la que los lados enfrentados están en extremos opuestos me parece muy poco civilizado.

Si, creo que el justo medio debería regirnos en lo concerniente a los grandes temas sociales. Llevar las cosas al extremo solo provoca enfrentamiento, ganadores y perdedores, resentimiento y hasta odio. Por lo que creo que tratar el tema de las corridas de toros desde posturas completamente opuestas no puede llevar a  nada bueno.

Miki, Queen of Planet Goodaboom - Flickr

En Cuéllar, el pueblo con los encierros más antiguos de España, es difícil ser anti-taurino. Lo soy, pero he aprendido a respetar las opiniones de los demás. He podido comprobar cómo los aficionados a los toros no son gente que coma carne cruda o atropelle animales con el coche por el placer de verlos morir. Son gente normal y corriente, con una afición que a muchos nos parece una auténtica salvajada.

Pero en lugar de tratar de insultarlos, espero. Los toros, como el resto de “entretenimientos” a los que tenemos acceso, se rigen por el mercado. En cuanto no haya clientes, se acabarán los toros. Lo mismo que le ha pasado al circo (que a mi me parece una forma de denigrar a los animales), como nadie va, apenas quedan. Y no veo a nadie en la sala quejándose.

Así que me pongo del hígado cuando escucho los argumentos de cualquiera de las dos partes. Tanto los que me saltan con el “si no hubiera corridas, no habría toros, porque los crían para eso” como los que me dicen “¿a ti te gustaría que te clavasen una espada en la espalda?” (sic).

Pero los medios viven de la polémica, de enfrentar a las partes, y por eso, tenemos un problema.

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4 comentarios en “Tenemos un problema

  1. Lo que hay que hacer es no prohibir los toros sino adaptarlos al siglo XXI. Quitar las suertes de las banderillas y el picador… incluso de entrar a matar… auqnue eso ya seria mas dificil.

  2. Este debate está a la orden del día.
    Yo también soy antitaurina pero me parece que la prohibición que se ha llevado a cabo en Cataluña no es por el dolor que sienten ante una corrida de toros, sino más bien por el arraigo que ello tiene a España y que sea “Tipical Spanish”, totalmente en contra de sus intenciones independentistas. Son motivos políticos y no de principios, por eso yo estoy en contra de esta prohibición y en la manera en que se ha hecho habiendo además otros temas de más urgencia en los tiempos que corren. Sin dejar de lado el pasotismo por parte del Gobierno central frente a todo lo que está pasando.

    Estoy de acuerdo contigo en que la única manera de que la tauromaquia se vaya acabando sea con la falta de público y sin necesidad de ninguna prohibición porque estamos en una democracia y prohibir libertades es coartar… creo que esa época ya la dejamos atrás, no me gustaría volver a ella.

    En mi casa se ha tomado una decisión ( que no sé si comparto o no ), si Cataluña no quiere saber nada de España… En mi casa no se consumirá nada catalán. En fin… me da mucha pena.

    Un saludo! =)

  3. @Poncho El problema es que los taurinos no dejarían que quitasen esas cosas, porque es parte de la tradición. Sería como eliminar a la cabra aquella que tiran de un campanario, los que lo aprecian no lo permitirían.

    @Laura, ¡muy bien expuesto!
    La medida que han tomado en tu casa se parece a la que ya tomamos en la mía cuando unas Navidades los catalanes estuvieron tocando las narices con que no comprásemos Champagne, sino Cava (catalán)…

  4. En Cataluña podían haber tomado una vía moderada, sin necesidad de “prohibir” ni legislar. Allí, que anualmente no había ni veinte corridas, la tauromaquia vivía de subvenciones (no lo digo yo, lo decían desde la plataforma PROU). Si hubiesen atacado a las subvenciones, es decir, pedir que se retirasen, más aún en esta época de crisis, el problema se habría solucionado con mucho menos ruido: los toros desaparecerían por no dar beneficios (como cualquier otra industria del entretenimiento). Pero evidentemente, yo creo que el interés era el ruido.

    Las prohibiciones funcionan cuando hay problemas. Para los antitaurinos, la tauromaquia en Andalucía sí es un verdadero problema, por eso hoy han anunciado que iniciarán una recogida de firmas similar a la de Cataluña. Pero allí, allí no era un verdadero problema. Los toros en Cataluña podrían morir de muerte natural, pero se prefirió darle a la tauromaquia una estocada, descabello y puntilla.

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